Ignacio Valdes

Trayectoria

IGNACIO VALDES

Santiago de Chile, 1956

La estética del artista se aprecia a través de gestos informales, manchas y zonas de color de marcado acento neo-expresionista.

“Toda motivación creacional en el arte, logra su formulación definitiva bajo el estímulo de una peculiar clave o indicio premonitor, que radicado ya sea en la realidad o simplemente en la imaginación, alerta y sensibiliza el espectro vivencial del creador. En ocasiones, estos verdaderos “datos sensibles” coinciden en su desarrollo y ulterior concreción con escalas valorativas, que actuando desde una inobjetada infalibilidad, ponderan y legitiman la validez de su significado. En otras en cambio, en atención a lo imprevisible e inopinado de su naturaleza, se enfrentan a estos juicios valorativos aportando tantos nuevos y vitales argumentos al debate, que llegan incluso a trastornar la lógica de esos esquemas tan elaboradamente concebidos.

Es en ese preciso contexto, más allá de apreciaciones esteticistas o aventurados pronósticos, donde radica la más promisoria cualidad de la emergente obra de Ignacio Valdés.
Constituye ella en su integridad una proposición franca y sensible y sin subterfugios, que ha sabido proyectar un mundo completo y autosuficiente, a partir tan solo de simples objetos que por obvios y cotidianos son habitualmente inadvertidos o apenas connotados. Un simple linaje de viejos calzados, logra, sobrepasando sus propias y fatigadas apariencias, advertirnos de un potencial de creación, que desde olvidados desechos nos provee de nuevas e inéditas perspectivas de belleza que se sobreponen al aparente desaliento de ese mundo acabado y sin remedio consumido.

Por esta sincera, limpia y desprejuiciada revisión de la existencia, me hago un deber el darle una calurosa bienvenida de colega, al reconocer en su obra la presencia natural y espontánea de todas aquellas características que conforman la estirpe de un verdadero creador.” Juan Egenau