|
El día 7 de octubre, Galería Artespacio inaugura la exposición del escultor Francisco Gazitúa, quien ha trabajado durante los últimos 3 años estas obras de acero y piedra.
“Esta exposición, donde muestro 15 esculturas, es el resultado de 3 años de trabajo combinando dos materialidades: el blanco de la piedra y el negro del acero.
Los granitos que son las piedras que combiné con fierro, se formaron a 50 kilómetros bajo la superficie del suelo de la cantera.
El Fierro, forma el centro de la tierra, se sitúa, mucho mas abajo, 5.000 kilómetros bajo los granitos, ese metal, trasformó al planeta en un inmenso imán, y es el mismo, el que genera la cualidad mas esencial de la piedra: su peso.
La historia cultural de la piedra es inmensa, tan larga que se confunde y pierde en el origen de nuestro oficio, 30 o 40.000 años.
La historia del acero en la escultura es corta: 100 años, desde los primeros collages de los constructivistas rusos.
El fierro entra a la historia poco después de la escritura, junto a Sócrates, Aristóteles, es contemporáneo de la filosofía griega.
El fierro esta muy cerca de la razón, lo dirige el hemisferio izquierdo del cerebro, conectado a la mano derecha, por eso su costumbre de escribir, de contar historias: El fierro es el verbo, la piedra permanece en el silencio.
Con la piedra no escribí, porque la mano que talla es la izquierda la mano del inconciente, conectada al lóbulo derecho del cerebro, es ella la que guía el cincel y en el desbaste, va creando, lugares profundos, refugios de las sombras y alturas que invitan a la luz
La piedra, anterior al pensamiento, estuvo siempre con nosotros los escultores, no había nada que entender en ella, solamente la tallábamos.
Siempre trabajé por separado estos dos materiales, blanco y negro, que poco a poco fui juntando en estas obras que ahora se exhiben. Ellas encierran partes de mi mismo que estaban separadas: mi cabeza y mis dos manos. Mi mano izquierda con mi mano derecha. Mis personalidades de tallador y de herrero. El fuego con el agua sin que ninguno de los dos se extinguiera Uní por primera vez, una mitad de mi taller, la cantera, con la otra mitad, la fragua. Mientras juntaba en mi cabeza, el centro magnético de la tierra con estas rocas que pesan sobre él. Uní, dos mitades de mi mismo que necesitaron 40 años de trabajo, para volverse a juntar”. |