Carolina Dominguez

CAROLINA DOMINGUEZ

Santiago de Chile

Mi producción de obra opera desde el encuentro entre el relumbre de la materia visual y la cinética de la misma activados por el movimiento del espectador, ahí donde la forma de mirar articula el aspecto y el desarrollo de la imagen observada. Por medio de guillotinar sistemáticamente impresiones lenticulares de manufacturación industrial, las tiras de color son montadas en soportes volumétricos, desmantelando lo que solía estar representado en las imágenes iniciales, sean paisajes u objetos, para hacer emerger una deslumbrante evocación de aquellos a la vez que una retícula cinética sugerente. Lo que en la materia prima de la obras aparecía como ilusión de profundidad, movimiento y 3D, se despliega ahora en una coreografía abstracta que el observador estimula con su vaivén. Y es que aquella materia lenticular reorganizada invita a oscilar para activarse, haciéndonos partícipes de su indeterminación, resistiéndose a estar quieta. Es la luz del montaje y el movimiento del espectador lo que la activa, a medida que nos balanceamos frente a ella.

Trabajo desde los diversos niveles atingentes a la percepción y el sistema de signos, las diversas y tensas relaciones entre el mundo de las imágenes y el mundo de sus mutaciones, y también, tematizando el montaje y la composición. Como en un glitch, que es precisamente cuando una imagen se pierde y un entramado de pixeles toma su lugar, mis obras se expresan, a primera vista, caóticamente, pero al observarlas descubrimos constelaciones y fragmentos de lo que alguna vez fue una imagen de estilo kitsch. Desde esta abstracción, surgen fenómenos visuales ligados a la temática del paisaje, la iconografía tribal y la geometría sagrada. Propongo una lectura circunstancial de mis obras, son tantas sus apariencias como los ojos que las miran. Se halla como fin último la ejercitación de nuestra capacidad perceptiva, y por ende nuestra relación con la obra que «nos ocurre». 

El despliegue de obras que he desarrollado en los últimos años se acciona desde una insistencia en los medios por los cuales resalta especialmente la práctica cinética, el fenómeno de la percepción, la resignificación de imágenes de origen industrial y la producción de un obra que entiendo en parte como una trampa de la ilusión, una mutación perenne. Pienso en el rol del artista no solo como un creador, sino más bien como un organizador de motivos y referencias, ahí donde la tarea de conseguir sentido consiste en constelar la confusión de lo disperso.

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